El libro negro de los colores: educando para la integración

“El libro negro de los colores” (Ediciones Tecolote, 2006. Menena Cottin y Rosana Faria) cuenta cómo Tomás, un niño muy especial, percibe los colores. Su valor está en que, gracias a su originalidad narrativa -texto, ilustraciones y en general en toda su propuesta editorial- nos hace entrar en el mundo de este personaje y ser empáticos con él. Permite al lector plantearse que no todos tenemos las mismas capacidades y a nosotros, como docentes, nos abre grandes posibilidades para que nuestros alumnos reflexionen y discutan asuntos como la discapacidad, la diferencia y el reconocimiento. En lo particular, hemos usado este libro como punto de partida para plantear, entre los niños y los no tan niños, el tema de la la inclusión.

La distinción entre “inclusión” e “integración” a veces pasa inadvertida. La Real Academia Española define a la inclusión como “poner algo o a alguien dentro de una cosa o de un conjunto” y a la integración como “hacer que alguien o algo pase a formar parte de un todo”.

En principio la diferencia no parece mucha; sin embargo, hay que verla con lupa. Cuando se trata de una persona con discapacidad, por ejemplo, no es lo mismo “ponerlo dentro de un conjunto” que “hacerlo formar parte de un todo”. Un estudiante en silla de ruedas puede llegar a una escuela donde hay rampas y buena accesibilidad; pero si sus compañeros y profesores no son sensibles a su situación, estará incluído, pero probablemente no integrando. Es como si la inclusión fuese un proceso más formal, y la integración uno más humano. Puede haber leyes que lo incluyan, ¿pero cómo se le integra?

Nosotros hemos encontrado en la literatura infantil, el juego y el arte, herramientas que nos permiten sensibilizar sobre estos temas. El libro negro ha sido una excelente ventana a través de la que podemos mirar con más atención las diferencias. Si efectivamente la integración es un proceso humano, entonces hay que trabajarla directamente con las personas, y la manera de hacer eso es mediante la educación. Por eso invitamos a quienes nos leen a trabajar por una educación para la integración.

Dibujo de texturas.

Entre las distintas estrategias y actividades de arte que hemos hecho en torno al Libro Negro de los Colores, hay una que queremos compartir con ustedes. La llamamos “Dibujo de texturas”.

La idea es experimentar el arte desde el tacto. Podemos pedirle a los participantes que agrupen los materiales de diferentes con los ojos cerrados, y dedicamos un tiempo a los experimentos sensoriales. Si son niños, mientras más edad tengan, podemos aumentar la dificultad añadiendo más características a agrupar. Con este ejercicio, los ayudamos a desarrollar su capacidad de clasificación, memoria, atención y seguimiento de instrucciones básicas y complejas.

Luego les planteamos hacer un dibujo a lápiz y rellenarlo con estas texturas, para que los elementos se distingan por el tacto. Podemos incorporar algodón, cartón corrugado, arena. Este paisaje de texturas nos permite resulta enriquecedor, no sólo mientras lo hacen, sino en el ejercicio de cerrar los ojos para apreciar los trabajos de los demás. Interpretar los trabajos de los compañeros con los ojos cerrados puede propiciar un ambiente adecuado para ser empáticos con las diferencias y con las capacidades distintas.

13 noviembre, 2018

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